¿Y si los cines desaparecieran?


En este magistral post, Fernando de la Rosa (@titonet) explica el papel del profesional del marketing como gestor de la expectativa&experiencia del cliente. Cuando la expectativa que tiene es baja y la experiencia también lo es, tenemos una commodity: un producto que si desapareciera, nadie lloraría por él. Esta semana he leído que en mi ciudad (Vitoria-Gasteiz) hemos vuelto al número de salas de cine que teníamos en los años 90. De 16 pasamos a 62 en el año 2003, hasta volver a las 16 que existen a día de hoy. ¿Y pasa algo? Habrá quien ponga el grito en el cielo (unos de manera honesta y otros por puro postureo). Pero también desaparecieron las cabinas telefónicas del paisaje urbano. Igual al principio algún jubilado las echó de menos porque no podía llamar al taxi para que fuera buscarla al bingo, pero nada que supusiera un contratiempo ni para Telefónica, ni para el taxista, ni para el colectivo de jubilados. Tampoco para el Bingo.

Hoy, los cines son mastodónticos equipamientos que no han sabido interpretar su papel en una sociedad digitalizada. La culpa no es de Internet, ni de Netflix, ni de Waki TV, ni de las pantallas de 42”, ni si quiera del Emule o de Kim Dotcom. Lo que ocurre es que la forma de ver cine ha cambiado. La liturgia de leer la cartelera en el periódico para elegir la película, seleccionar la sala, desplazarse hasta ella y aislarse del mundo para disfrutarla no es la que era. Antes te la jugabas. Si no te gustaba, era dinero y tiempo que tirabas. Ahora, antes de ir a ver una película puedes ver el trailer en Internet, leer opiniones en foros, e incluso puedes descargarla o verla en streaming a un precio asequible y si no te gusta, quitarla y ver otra. La oferta es masiva y el precio de una entrada de cine ha pasado a ser abusivo si tenemos en cuenta que en casa tenemos grandes pantallas de TV y cómodos sofás desde los que verlas.

En la clase de Creatividad que he impartido en el Master de Comunicación y Eventos de Esden Business School desde 2007 conocíamos algunas técnicas de creatividad. Luego las poníamos en práctica pensando ideas para rediseñar un cine. No era casualidad. Al fin y al cabo, la experiencia de ver una película en una sala apenas ha variado en los últimos… ¿30 años? Se han introducido mejoras técnicas en la imagen, se ha incorporado el 3D o el sonido Surround. Algún programa de fidelización (Compre un bono para ver 9 películas y le regalamos la 10ª). El día del espectador. Y acciones puntuales (casi por presión popular) que permiten asistir al cine a precios muy reducidos. ¡Ah! Y para mejorar la experiencia, han colocado los cines en el mismo sitio que los McDonalds y los Ginos, rebajando el valor del cine al mismo que el de la comida basura. No sé cuales son las perspectivas de futuro, pero me temo que no muy optimistas. Hace poco leía en el hastag #MUWOMLab que el futuro del cine está en pagar un poco más para evitar las colas al entrar. Toma ya. Hay otras industrias culturales como la música o el deporte que, con sus más y sus menos, han dado ciertas muestras de saber adaptarse a la nueva realidad. Hace poco estuve viendo un partido de la Premier League, y ya no se trata sólo de fútbol; se trata de generar una auténtica experiencia en torno a él que te obligue a levantar el culo de tu sofá par moverte hasta el campo. Bares para aficionados, conciertos, pantallas gigantes en torno al Estadio con conexiones en directo en el pre y post partido, venta de camisetas y demás parafernalia, etc… Y por supuesto, en el campo del Manchester City no cabía un alfiler, pese a que jugaba contra un equipo de las medianías de la clasificación. En la música también encontramos ejemplos de artistas y grupos que han sabido entender el nuevo contexto. Así nace Fangazing, una plataforma que permite poner en directo a los grupos con sus fans, o “n”, la App de Jorge Drexler para personalizar sus melodías con la letra que cada uno quiera ponerle.

Tal vez todo debería empezar por entender el cine como una experiencia integral en la que la película, la sala de cine, la TV y lo digital (smartphones, redes sociales, web…) juegan un papel diferente en un momento concreto. Una experiencia en la que el espectador pasa a ser también, de alguna manera, un actor. Y que las películas sean proyectos integrados en los que  productores, directores, actores, distribuidores y salas de cine diseñen verdaderas experiencias que aporten valor al espectador. A partir de ahí, las posibilidades son infinitas:

  • Comprar la entrada por Internet (sí, ya sé que esto es muy básico, pero en muchos cines no se puede si no lo haces a través de webs de terceros como TicketMaster o similar).
  • Regalar una edición digital de la película al salir del cine con contenido extra
  • Diseñar un menú alternativo a las Palomitas&Coca-Cola en función del argumento de la película
  • Poner sofás y camas en lugar de butacas
  • Disfrazar a los espectadores de piratas si van a ver Piratas del Caribe
  • Poder votar qué final prefieren para la película cuando están viendo Bambi
  • Organizar tertulias sobre la película con sus productores, directores o incluso actores al finalizar
  • Provocar que spiderman atraviese la sala con sus telarañas en un momento de Spiderman 3
  • Hacer que la sala o las butacas tiemblen cuando una bomba cae en Salvar al soldado Ryan
  • Que Air Force One la puedas ver montado en un avión en la que entran secuestradores
  • Colocando una mantita en cada butaca para abrigarte
  • Una banda de música interpretando en directo la Banda Sonora del film

¿Seguimos?

cinemadinner ¿Y si los cines desaparecieran?

Todas estas ideas, y otras muchas que se te han podido ocurrir mientras leías este post, son perfectamente posibles. En muchos países ya se están reinventando las salas de cine en ese sentido. En uno en el que la construcción de cines ha estado alentada por una burbuja inmobiliaria igual es más complicado, no lo sé. Hoy, pagar 7 euros por ver una película en el cine es caro. Pero tal vez no lo sea pagar 21 euros por una película en la que vives una auténtica experiencia inolvidable. Ha pasado con la música. Cada vez menos gente paga 21 euros por un CD, pero sube exponencialmente la cantidad de personas que acude a conciertos y Festivales. Si las salas de cine no se mueven rápido, dentro de poco no quedará quien llore su desaparición.


Comments (3)
  1. Juan Fco Romero 28/01/2014
  2. Fernando De La Rosa 29/01/2014
    • Miguel 30/01/2014

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